
El considerar al cuento como un género literario infantilzado es un error que, ya sea por ignorancia o bien a consecuencia de nuestros prejuicios, cometemos todos en algún momento de nuestra vida adolescente o adulta; más de uno de ustedes habrá rechazado, a priori y en favor de la novela, la idea de que un cuento pueda satisfacer plenamente sus anhelos psicológicos y estéticos como lector.
Considerando ambas formas narrativas en un ejercicio de pureza y abstracción-ya que en la práctica hay una constante y confusa mezcla de estilos- el cuento, si bien más sencillo y menos refinado que la novela es a su vez de mayor perfección estructural como consecuencia de su sustancial naturalidad, en el cuento no tienen cabida las divagaciones o complejidades psíquicas propias de la novela, sino que toda la narración corre uniforme y directa hacia un único objetivo, el desenlace.
Podríamos incluso hacer una clasificación aún más audaz y sorprendente entre ambos géneros, quedando el cuento como producción literaria inherente a la necesidad humana de contar y la novela sinembargo, como una volición artística y estética de "no contar", nacida del artificio en que consiste preferir nuestros gustos sometiendo nuestros instintos ,la novela se recrea en el placer de sí misma; imaginemos al cuento como un círculo perfecto, con todas sus partes-linea argumental- claras e identificadas, con su principio y final, hecho que nos da una agradable y satisfecha sensación de control y dominio intelectual sobre la historia leida; por otro lado, la novela se asemeja más a una profunda espiral en la que acontecimientos, personajes y sentimientos generan un vórtice continuo y sucesivo hasta prvocar en el absorto lector una deliciosa sensación de embriaguez y total entrega con respecto a lo leido, siendo así fruto de notable interés hasta la más aparente trivialidad que acaece a los protagonistas.
Ése arte del "Principio, nudo y desenlace" lo dominó a la perfección el francés Guy de Maupassant(Dieppe, Francia, 5 de agosto de 1850 - París, 6 de julio de 1893), que supo volcar todas sus esencias literarias en cortos relatos de brillante factura y espíritualidad. Es por ello que hoy queremos que nuestra recomendación apunte directamente a la colección de cuentos que con elegante maestría escribió a lo largo de suvida.
Desde Mil Novecientos deseamos hacer una doble reivindicación del cuento, en primer lugar como objeto de placer y entretenimiento estético e intelectual y en segundo, como eficaz herramienta educativa capaz de despertar el amor e ilusión por la literatura en los más jóvenes así como de ser fuente de valores y principios morales.
PD: Foto realizada po Norberto. F. S.

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