sábado, 30 de mayo de 2009

Naturaleza de contrastes...

Foto por Norberto F. S .

Que la luz de la razón penetre en los intrincados y laberínticos rincones del alma humana sigue siendo a día de hoy uno de los más nobles y atractivos retos a los que puede y debe enfrentarse nuestra inteligencia. Quizás incluso, este problema de conciliar ciencia y espíritu no tenga solución real, pero al menos atrevernos en tan ciclopea tarea ya es una forma en sí misma de crecimiento y mejora.

Vehemente enamorado de la vida, partidario de la muerte como castigo o treta, mecenas y protector de las artes, inflamado defensor del espíritu guerrero, dechado de buenas maneras, capaz de las más rudas formas, sobrio y elocuente defensor de filosofías virtuosas, pragmata del maquiavelismo, devoto creyente y pecador incorregible...la figura del príncipe renacentista es seguramente uno de los arquetipos humanos que mayor número de contradicciones ha acumulado en su singular naturaleza y por ende una de las personalidades históricas más seductoras y atractivas.

Enrique VIII de inglaterra persiguió y asesinó a miles de inocentes por su mera condición de católicos, entre ellos al ilustre pensador Tomás Moro; aborreció y mandó ejecutar a varias de sus esposas por diferentes motivos, y sinembargo fue capaz de cantar con culta, elegante y exquisita poesía al amor:


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